La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos recientemente derogó, por considerarla inconstitucional, la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA por sus siglas en inglés).

Esta ley, promulgada durante la administración de Bill Clinton, garantizaba que las parejas del mismo sexo, casadas en estados donde dichas uniones son legales, no podrían recibir a nivel federal todos los beneficios que las uniones civiles otorgan.

Bill Clinton recapacitando sobre la ley DOMA que firmó en 1996

Bill Clinton recapacitando sobre la ley DOMA que firmó en 1996

Se trata de un gran avance para los activistas de derechos civiles, pero no han tardado en aparecer las voces de sectores conservadores, tanto representantes eclesiásticos, fanáticos religiosos o derechistas de cepa, criticando como no tan simpáticos “Chiken Little” que “el cielo se va a caer” solo porque las personas del mismo sexo que contraigan uniones civiles podrán gozar de los mismos derechos que las parejas heterosexuales.

Sin embargo, el problema viene de raíz, de cuando la administración de Clinton se dejó apabullar por sectores religiosos y conservadores para pasar una ley que limita los derechos de seres humanos, ciudadanos y contribuyentes de impuestos.

Vivimos en una sociedad occidental que garantiza muchas libertades, empezando por la de expresión y la religiosa, por lo que todos tenemos la libertad de decir lo que queramos, por más absurdo que sea; además de poseer la libertad de creer en lo que elijamos creer, por inverosímil que resulte.

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Pero muchos dejan que estos conceptos los engañen. El hecho de vivir en una sociedad que concede el derecho de pensar que algo es sagrado, no vuelve esa creencia generalmente sagrada, ni le impone a otros el considerarla como tal, por lo tanto, adjudicarse el derecho de hacer activismo para que un gobierno le imponga a TODA su población tal o cual “valor moral” de una creencia específica, es algo que no se debería permitir, en particular por un hecho tan simple como democrático: En las democracias votan las mayorías, pero se gobierna PARA TODOS. Y en ese “TODOS”, se encuentran el creciente número de personas sin afiliación religiosa, pero obedientes de la ley, que tienen derecho a que no se les impongan leyes que no están basadas en el bien común, sino en un conservadurismo religioso arcaico y caduco.

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Nadie puede (ni debe tratar de) evitar que los funcionarios de gobierno de cualquier nivel tengan sus propias creencias. Pero si existen artículos constitucionales bien definidos en la gran mayoría de los países occidentales para garantizar que dichos funcionarios gobiernen POR FUERA de sus creencias, pues gobiernan para pueblos en los que no todos las comparten.

Es simple: Nadie debe gobernar con una biblia (o cualquier libro sagrado) en la mano, pues el hacerlo atenta contra quien no cree en dicho libro. Y, aunque pueda sonar extremo, es un hecho que quien piense diferente no debería poder llegar a un puesto público.

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De otro modo…

Se obtienen resultados como en Kansas, Estados Unidos, donde al “creacionismo” (una patada de ahogado nada discreta para hacer pasar el génesis bíblico como teoría científica) se le dedica el mismo tiempo de enseñanza que a la teoría de la evolución, hoy por hoy la teoría científica con mayor consenso aprobatorio entre científicos de todo el mundo y aquella con más evidencia a su favor, convirtiendo a los recintos de enseñanza de ese estado en lugares donde en aras de la igualdad se enseñan como hechos pasajes bíblicos que aún entre algunos creyentes sólo son historias y analogías para enseñar moral, a la par de teorías científicas respetadas y aceptadas.

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O el caso de Brasil, donde diputados conservadores barajan una ley que permite “tratamientos para curar la homosexualidad”, a los que difícilmente una persona sería llevada por su propia voluntad.

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Para colmo, tenemos a los políticos como la Alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, que entregó la ciudad que gobierna a Jesucristo en un acto simbólico. Algo que desafía el artículo 40 constitucional, violando el estado laico, pero más aún, violando la mente de los fieles que al escuchar “Jesucristo” pierden toda capacidad de crítica y análisis y ven a la alcaldesa como una santa que comparte sus creencias, habiendo inconscientemente pasado por alto que la señora es un político, sector de la población que se distingue por mentir, engañar y manipular para salirse con la suya y lograr sus fines… Después de todo, un político tratando de llegarle a la gente a través de la religión (o de cualquier otra cosa que no sean resultados) es como un pedófilo convenciendo a un niño de subirse a su camioneta prometiéndole que tiene pokemones en ella; al final ambos son depredadores que piensan, sin miramientos, abusar de sus oyentes.

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La paradoja Eclesiástica

Por otra parte están los representantes religiosos, criticando estas decisiones, pero buscando modos de no verse como los villanos de la historia, gente como el Cardenal Estadounidense Timothy Dolan, quien declaró que “Dios ama a los gays”, pero que ellos solamente “Tienen derecho a la amistad. Pero también sabemos que Dios nos ha dicho que el camino a la felicidad –sobre todo cuando se trata de amor sexual– es solo para el hombre y la mujer en el matrimonio, donde los niños pueden venir de forma natural”, dejando de manifiesto que lo que su iglesia dicta debería ser un hecho para todos, lo que es un error en los estados laicos.

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O como las tristes e intolerantes declaraciones de Norberto Rivera Carrera, Arzobispo primado de México, con respecto a que “se le obligaba” a vivir en una sociedad donde los homosexuales “se pueden casar”, como si al señor se le estuviera forzando personalmente a casarse con otro hombre. ¿A tales niveles de absurdo se puede llegar sin que nadie reaccione?, ¿Realmente?

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No hay que dejarse engañar, si una pareja heterosexual religiosa y devota tiene una boda civil ante un juez, a los ojos de su padre/pastor/sacerdote/cura/párroco, según sea el caso, no estarán realmente casados sino hasta que su unión se oficie en una iglesia. El matrimonio civil no cuenta a los ojos de los eclesiásticos, así que, ¿para qué hacer activismo en contra de los matrimonios CIVILES entre homosexuales?, mientras la ley no pretenda obligar a las iglesias a oficiar bodas gay (que ninguna lo ha hecho en ningún lugar del mundo), a ellos no les debería incumbir, pero aparentemente ellos creen que sí.

Verdadero cristianismo

Debido al fanatismo religioso que raya en la discriminación y el odio en los espacios de comentarios de las notas que medios como CNN han dedicado a la derogación de DOMA, pareciera que hay que recordarle a mucha de esa gente que la misma biblia establece las bases para respetar al prójimo y para que si alguien viola las presuntas leyes de dios, sería esa persona y solo ella la que le responda a él al final de su vida.

Si alguien realmente quiere complacer a dios, debe dejar de meterse en la vida ajena y de promover agendas políticas que resten libertades, para pasar a concentrarse en mejorar su propia vida y purificarse de sus propios pecados… en otras palabras:

¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?

-Lucas 6:41

¿No convence lo suficiente?, es válido, pero echemos otro vistazo a las escrituras…

No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

-Lucas 6:37

¿Aún no?, bien, entonces a seguir…

Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios.

-Romanos 14:10

Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

-Romanos 14:13

Los anteriores son pasajes bíblicos dignos de ser pasados por ley antes de siquiera pensar en legislar sobre matrimonios del mismo sexo… y por si alguien tiene duda de si tiene o no derecho a legislar con biblia en mano, aquí un pasaje más:

Por tanto, no juzguéis antes de tiempo, sino esperad hasta que el Señor venga, el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y también pondrá de manifiesto los designios de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios.

-1 Corintios 4:5

Y por si pudiera haber quedado cualquier clase de duda en un corazón creyente, vale dejar un último pasaje, que espero haga mirar a los propios corazones antes de pretender decirle a otros cómo vivir o dejar de vivir sus vidas:

Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra.

-Juan 8:7

Lo realmente sagrado

A fin de cuentas, opiniones habrán muchas, pero no se puede negar que se está presenciando un panorama donde un grupo dominante pretende que sus creencias particulares se le impongan en forma de leyes a todos por igual, algo que en estados laicos está profundamente equivocado y es a todas luces un proceder anticonstitucional.

Hay que empezar por aceptar que, si estas personas religiosas y conservadoras tienen derecho de tener sus creencias y proceder como lo hacen NO ES, NI NUNCA SERÁ porque sus creencias sean realmente sagradas, sino porque SUS DERECHOS LO SON. Del mismo modo, cualquier DERECHO HUMANO siempre debe ser puesto por encima de cualquier CREENCIA, y considerarse aún más sagrado que ésta última, ¿por qué?, porque aunque muchos sectores conservadores lo olviden, el nombre del conjunto de pensamientos que definen una fe personal es “CREENCIA”, y no “CERTEZA”, sin importar lo seguro que el CREYENTE se sienta de ella, por lo tanto, el primer derecho que se debería garantizar después del de expresión, es el de que a nadie se le imponga la creencia de otro por ley.

Con todo respeto, en resumen, los derechos son más sagrados y deberían ser más respetados que las creencias. Y quien no esté de acuerdo debería estar siempre vetado de ejercer un puesto público, pues de otro modo no se puede garantizar que quien gobierne, lo haga para todos por igual y, en la actualidad, se supone que ese es uno de los puntos importantes de gobernar.

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Gracias por leer.