Ya estamos en pleno furor mundialista y los más entusiastas fans futboleros ya están gozando de lo lindo de la fiesta que desde Brasil transmite toda esta vibra que mucha gente parecía necesitar para distraerse de tanto problema y cotidianidad, a pesar de lo insípido que a muchos llegó a parecerles su apertura.

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Cada que un evento de este tamaño y magnitud comienza, también llegan con él las tendencias a favor y en contra. Y, aunque nunca he sido un fan del fútbol a nivel de espectáculo, tampoco creo que valga condenarlo y menos aún a quienes les gusta.

Sin embargo, y aquí es donde la cosa se pone truculenta, cada que algo que genera furor comienza, es usado como distractor por las fuerzas con intereses que van en perjuicio de aquellos más distraídos con ello. Esto último ha llevado a un intercambio agresivo de opiniones en Internet entre quienes quieren disfrutar de su mundial libre de culpas y quienes tratan de hacer entender que no porque haya mundial hay que dejar de poner atención a lo demás que pasa.

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En particular, en el caso de México, se ha apuntado el dedo hacia las discusiones en el senado mexicano sobre las leyes secundarias en materia energética y, en seguimiento, el pase sin pena ni gloria en la opinión pública de la posibilidad de expropiación de aquellas propiedades estratégicas en cuestiones energéticas en las que no se llegue a un acuerdo de venta o la presunta propuesta de aumentar a veinte pesos el litro de gasolina.

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La discusión se recrudece y muchos fanáticos se distraen un momento, no para protestar por esto, sino para reclamar que de todos modos nadie habría hecho nada por detenerlo y, honestamente, es en este punto donde todo el asunto da al traste con la realidad y se vuelve surrealista, pues ya no se trata de defender al fútbol o a sí mismos, sino a la apatía como tal.

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La verdad es que todo depende del punto de vista, llegando incluso a ser algo sencillo de entender. Ocasionalmente hay movimientos de protesta, que aunque no agrupan a las mayorías, alcanzan la suficiente fuerza para hacer pensar dos veces sobre ciertas cosas, ahí se tiene como ejemplo las leyes sobre Internet que se estaban legislando hace unos meses y que gracias a un movimiento que despertó conciencias, se logró refrenar (queda la espina de que esas leyes, según algunos, eran un distractor para pasar otras, pero, si fue así realmente, se previó por parte de las fuerzas políticas una respuesta del pueblo que sí existió, por ende, sí hay quien haga algo con suficiente ruido y fuerza, refutando en la práctica el argumento de “de todos modos nadie hace nada”).

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Pero, con eventos como el mundial incluso estos movimientos pierden fuerza, en ocasiones más de la mitad o de forma extrema, dos tercios o más de ella; porque las grandes mayorías, las masas, simplemente no tienen mente para otras cosas, por el nivel de saturación que los encuentros deportivos alcanzan. (Pero también seamos justos, esto no se da en todos los casos y en parte el problema es que cuando se denuncia esto, se hace de modo que aún quienes gustan del fútbol y están al pendiente de lo demás se pueden dar por aludidos, como si el gusto futbolero fuera un pecado, que no lo es).

Pero, de todas formas, seamos claros, el fútbol sí es un distractor, ya que al final no se trata de que la gente “haga algo” como tal, sino que a veces con expresar una inconformidad basta, si el número de gente es suficiente. Pero en el marco de eventos como este simplemente no hay espacio para que la mente de LA MAYORÍA de los apasionados le brinde un momento a otros asuntos, sin importar su urgencia o importancia.

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Les proveo un humilde ejemplo, yo tuve un maestro en la materia de Comunicación Periodística que era jefe de comunicación social del Instituto Mexicano del Seguro Social (I.M.S.S.) en el estado de Nuevo León; y en clase nos confesó que cuando un colega periodista le comentaba, ya fuera buscando una declaración o a modo de información, que traía una nota que le iba a pegar al Instituto, y, si se trataba de alguien conocido o de confianza para él, le pedía que, lejos de no publicarlo, esperara al fin de semana que jugaran los equipos locales para hacerlo (situación que, cuando había clásico entre ambos equipos lograba borrar por completo el impacto de la nota de acuerdo a su experiencia y testimonio, en contraste de cuando estas condiciones no se presentaban).

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Yo entiendo que es natural querer validar el propio gusto y librarlo de culpas por cualquier problemática social… y no sólo es válido y correcto, sino que hay razón en ello, la culpa no es del fútbol, sino de los que tienen un nivel de pasión por él que ante un evento llamativo al respecto no pueden pensar o atender otra cosa, ya no digamos a nivel social, a veces ni en sus propias vidas. La verdad es que se tiene que salir del letargo y volverse multitarea, y que no porque algo nos guste o apasione signifique que el resto de las cosas deban irse al demonio.

Porque, reiterando, a momentos ya no pareciera que se defiende al fútbol de ser un distractor, sino que se está defendiendo la apatía y falta de voluntad o interés ya no por mejorar las cosas, sino por evitar que se vayan aún más por el pozo… y eso, eso es ya habernos dado por vencidos. ¿Tan mal estamos? Porque, por más cliché que suene, no debemos olvidar que cada pueblo tiene el gobierno que merece y esto, es principalmente cierto en este contexto, pero va incluso más allá, dejando claro que cada persona tiene la sociedad y la vida que se merece, y que por más bonita que parezca mientras se ve en la tele el mejor fútbol del mundo, cada partido tiene un silbatazo final que hace regresar a la verdadera vida que hemos construido.

Como siempre, gracias por leer.