*Artículo originalmente escrito para “Los Editoriales”*

Creo que todos tenemos la noción de que somos obras en construcción y de que aquello que somos en parte se conforma por aquello que forma parte de nuestro pasado…

El problema viene cuando pasamos a apegarnos al pasado de distintas formas, perdiendo la objetividad en cuanto a nuestro presente, e incluso nuestro futuro, por negarnos a ver el pasado por lo que es… la sombra de un destino cumplido y manifiesto por el que ya nada se puede hacer.

La clase de apegos que tenemos con el pasado es muy amplia y varía de la simple nostalgia por los tiempos más simples de nuestra infancia, haciéndonos criticar la manera en que vive y es criada la infancia de hoy, sin percatarnos de que es lo que hacía la generación de nuestros padres con la nuestra y la de nuestros abuelos con la de ellos, olvidando que cada generación cambia sus reglas y paradigmas y que aunque dista de lo que conocimos como “correcto”, no por ello está mal.

Pero claro, eso no es todo, también está el apego a algo que no queremos reconocer que ha terminado… un sinfín de personas se encuentran actualmente en situaciones o relaciones nocivas, tóxicas y a veces hasta peligrosas, que sienten que están obligados a llevar porque en su cerebro no han dejado de asociar dichas situaciones o relaciones a sus primeras felices etapas, cegándose y negándose a reconocer que las cosas no son iguales… y aún en los casos en que si lo reconocen, pensando que en cualquier momento las cosas volverán a ser como al principio, engañándose y lastimándose aún más. Desgraciadamente en estos casos es en donde menos se puede hacer algo por la persona atrapada en esta clase de escenario, la única cura es el tiempo y la noción de que tarde o temprano la persona caerá en cuenta de que la mejor opción es irse.

Claro, lo anterior nos lleva a otro escenario muy común de apego al pasado, el que consiste de mantener lazos con personas que han probado ser influencias nocivas en nuestras vidas, ya sea por su sola personalidad o por una falta de cierre de nuestra parte y es que llega a ser abrumador ver cómo abundan las personas que parecen considerar un fracaso cortar lazos con un ex que les hizo daño y con el que ni siquiera hablan regularmente.

Y el punto, por supuesto, no es criticar, es ser constructivo… piensa, si es tu caso, en ese(a) ex que tienes, por ejemplo, entre tus contactos de Facebook… pero a quien ni siquiera le hablas… piensa en lo que te hace sentir cada vez que publica algo y vienen todos esos recuerdos amargos (o en el mejor de los casos, agridulces), ¿Crees que es bueno para ti? Ahora,  puede ser que sea tu caso (o lo vaya a ser) que, además, esta ex pareja empiece otra relación… y tú, que la mantienes en tus contactos por aquellos viejos recuerdos que no quieres dejar morir, ahora tienes que ver las fotos que se saca con su nueva pareja… ¿Realmente crees que te estás haciendo justicia a ti mismo(a)?

El pasado es pasado por una razón, porque ya pasó y no volverá… aferrarse al pasado es tentador, porque representa la ilusión de un cobijo protector de las verdades del presente… pero vivir en el pasado no es vivir, al menos no más de lo que lo es soñar o fantasear… tenemos que aprender a cortar lazos, no tiene nada de malo, no es ofensivo, no es de mala educación, no tiene por qué hacerse con rudeza, simplemente es reconocer que una etapa terminó y que lo que podemos tomar de ella para bien radica en nuestro interior, no en un contacto ilusorio que alimenta recuerdos dolorosos que sólo nos anclan y nos impiden progresar.

No tengas miedo de seguir adelante, decir adiós no es una grosería, así que cuando sepas que es la hora de hacerlo, hazlo, con una sonrisa si quieres, con un inmerecido afecto a quien se lo dices, pero no dejes de hacerlo… es lo menos que te debes como persona y ser humano…

Gracias por leer.