La naturaleza de la creencia religiosa (cualquiera que pueda ser) en la humanidad es tan antigua que pocos dentro del círculo de una de ellas alguna vez lo cuestionan…

Tendemos a pensar que la creencia que profesamos es real sin pensar en que, de haber nacido del otro lado del mundo, es seguro que nuestra creencia sería totalmente otra, de la cual tenderíamos a estar igual de seguros que de la que en esta vida tenemos…

Las historias fantásticas de las religiones en que creemos, nunca las cuestionamos, pues nos inculcan el miedo a a hacerlo… pero si por un momento consideramos el poco conocimiento y criterio que nuestros antepasados tenían del mundo y sus fenómenos; y lo fácil que era para ellos asociar dichos fenómenos con factores esotéricos o divinos que nada tenían que ver con ellos, podríamos empezar a caer en cuenta de que, de hecho, nuestros antepasados sabían infinitamente menos del mundo de lo que la sociedad contemporánea sabe… sin dejar por ello de notar lo mucho que al hombre de hoy le falta por saber…

Stephen Hawking nos daba el ejemplo de los vikingos y cómo, durante los eclipses lunares, estos pensaban que Fenris, el lobo, se tragaba a la luna… y que solo los gritos enfurecidos del pueblo vikingo podrían asustarlo y hacer que la devolviera…

Los griegos pensaban que la pista usada durante los juegos olímpicos de la era antigua estaba medida usando como base el pie de Hércules… y la enorme piedra localizada cerca del Oráculo de Delfos, se creía que era aquella que el Titán Cronos se tragó, pensando que se comía a su hijo Zeus, para que no lo derrocara.

Muchos no reparan en pensar que estos ejemplos de pensamiento antiguo supersticioso se pueden aplicar a TODAS las religiones, pues dichos aspectos de la mecánica cognitiva ante lo desconocido son inherentes al ser humano.

No es que el ser humano necesite creer en lo esotérico, divino o sobrenatural, sino que necesita dimensionar lo desconocido a un nivel en que pueda comprenderlo, asimilarlo y sentirlo como algo cotidiano… posición filosófica con la que a través de la historia el ser humano ha demostrado poder estar DEMASIADO comprometido.

Todo esto, sin embargo, puede parecer poco para que alguien con una férrea fe acepte cuestionarla, pues, aunque a lo largo de este texto se han dado ejemplos, poco se puedan contrastar o comparar con la realidad que hoy vivimos. Pero… ¿Es así?

El mejor ejemplo en la era contemporánea de esta clase de pensamiento que, aún está vigente en la humanidad, lo encontramos en los cultos cargo,  que consisten primordialmente en tribus de Australia y Melanesia (especialmente en Nueva Guinea y la isla de Tanna) que durante la segunda guerra mundial establecieron contacto con el hombre occidental. Tras este contacto, del que muchas tribus se vieron beneficiadas al serles obsequiadas cargas con diversos bienes modernos, entre ellos alimentos procesados y dulces; se empezaron a gestar una serie de cultos que adoraban al hombre occidental como a un dios y a la carga que les fue dada, como regalos divinos.

Ofrenda a un avión occidental, considerado divino.

Para el hombre, sin importar si es moderno o primitivo, la respuesta esotérica o divina ante lo desconocido puede ser un proceso sumamente natural.

Este comportamiento no es exclusivo de tribus aisladas de la civilización moderna, pues dentro de nuestras sociedades constantemente damos interpretaciones esotéricas y hasta divinas a los hechos más diversos, sin importar si caben perfectamente dentro del reino de la probabilidad estadística y la causalidad.

Vale entonces considerar porqué respondemos de la forma en que lo hacemos a los sucesos que el mundo nos presenta… y si convendría tener ante ellos, sí, primero, una actitud abierta, que cubra todas las bases mientras no conozcamos una respuesta concreta; pero, tan importante como eso, una mente crítica y analítica que nos permita no casar nuestra opinión con explicaciones que no pueden constatarse y que pueden ser incluso más improbables que el fenómeno que tratamos de explicar.

Gracias por leer.

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