*Artículo originalmente escrito para “Los Editoriales”*

Con el tiempo se han construido una serie de valores de tolerancia en el mundo… al menos, en las partes del mismo que se precian de ser más “civilizadas”, sin embargo, en el contexto humano nada es realmente sencillo, y por el contrario,  es relativamente fácil complicar las pocas cosas que lo son, la pregunta es “¿Podemos ser realmente tolerantes en todos los sentidos?” y la respuesta, por desgracia, por si alguien lo dudaba, es “no”, pero para no quedarnos con eso nada más, la verdadera pregunta importante se vuelve “¿Debemos ser realmente tolerantes en todos los sentidos?” y para bien o para mal, la respuesta… es la misma.

La tolerancia es sin lugar a dudas un valor y una virtud, pero en sus formas más desviadas se transforma como mínimo en apatía y como máximo en una ferviente necesidad de proteger lo que se tolera, a costa de ser intolerante con otras cosas o personas.

La tolerancia, en el mundo de hoy, es constantemente torcida, deformada y exprimida por muchos intolerantes, para actuar con impunidad contra otros mientras se escudan en esa bandera de una tolerancia que exigen y no están dispuestos a retribuir…

Esto, como mucho de lo que he escrito en este y los otros espacios que he tenido, puede sonarle a más de uno contraintuitivo o sin sentido, pero ténganme paciencia, pónganme atención y continúen leyendo…

Ejemplos de esto hay muchos, uno muy palpable es la manera rapaz en que los dinosaurios republicanos de Estados Unidos pretenden continuar siendo racistas con impunidad y acuñando términos estúpidos y antilógicos (como casi todo lo que dicen o hacen) tales como “Racismo inverso”, que ellos definen como la discriminación hacia los blancos de parte de otras etnias, adjudicándolo a un resentimiento arraigado por “pecados pasados” (hablando de eufemismos), pero que en realidad se trata de esos viejitos republicanos sintiéndose intimidados por el avance de personas de otras razas, que alcanzan puestos cumbre en el sistema político y cuya mirada parecen sentir clavada como puñal en sus nucas, aunque a fin de cuentas, parecen ser solamente sus conciencias culpables.

Otro ejemplo, uno realmente perfecto de este efecto deformante de la tolerancia radica en las iglesias y la manera en que se escudan bajo el manto religioso y la tolerancia que se para el mismo debe existir para enmascarar sus múltiples ataques a ideas, prácticas o hasta personas que ellos arbitrariamente consideran que escapan de lo que son sus creencias (o intereses), y esto lo podemos ver en las cuestionables declaraciones que hiciera Juan Sandoval Íñiguez, Cardenal en Guadalajara, cuando se aprobó la adopción Homoparental en el Distrito Federal o el llamado del vocero de la arquidiócesis, también en el D.F., Hugo Valdemar, a no votar por el PRD por esos y otros motivos relacionados con la falta de impunidad de distintos jerarcas de la iglesia…

Es fácil cuando se es un presunto salvaguarda de las creencias sagradas de la gente terminar abusando de ese poder y ese voto de confianza para aplastar aquello con lo que no estás de acuerdo, recordando también las declaraciones de Norberto Rivera, Arzobispo primado de México, sobre cómo considera que él y los suyos son “obligados” a vivir y lidiar con los matrimonios homosexuales… sonando casi como si el gobierno se metiera a las iglesias y las forzara a realizar matrimonios de esa índole entre sus feligreses, también obligados a contraerlos. O sea, puede ser absurdo hasta donde llega la intolerancia, este hombre dice explícitamente que vivir en un mundo donde los homosexuales pueden contraer nupcias es algo a lo que se le obliga… mostrando una enorme intolerancia, muy distinta de la tolerancia que parece esperar para sí mismo a pesar de escupir, él y muchos de sus compañeros, veneno hacia otros, que en ningún momento se inmutan ante la enorme responsabilidad de sus palabras, regurgitadas ante una audiencia fiel y con fe que se siente en su mayoría obligada a aceptar lo que dicen como real… aunque no lo sea.

Claro, para todos hay y otro ejemplo nos lleva a Estados Unidos, que nos hace apreciar cómo a las distintas ramas cristianas se les discrimina en algo tan simple que no parece dañino… y es en nuestro vecino del norte el uso de la palabra “navidad” (Christmas) va en descenso porque ahora resulta que las otras comunidades religiosas ven como una imposición insensible a sus creencias que dicha palabra predomine con tanto peso todos los espacios públicos y todos los medios de comunicación, por lo que cada vez más el “Merry Christmas” se ha ido cambiando por un más frío “Happy Holydays” , y al final no se trata de decir que las distintas facciones de procedencia cristiana estén sufriendo un gran ataque, pero es un ejemplo de cómo la “tolerancia” que muchos piden para sí mismos se revierte a una serie de actos intolerantes hacia el lado contrario…

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, donde conviviremos de manera crecientes con personas de otras etnias, otros países, otras preferencias y otras creencias, lo ideal en un mundo con tales características es respetar y dejar al lado los egos desmedidos que hacen que queramos que todo se acople a nosotros, en lugar de acoplarnos al mundo, la intolerancia no se vale, pero menos aún usar la tolerancia para practicarla… porque a fin de cuentas, parafraseando al comediante, animador y analista político Estadounidense, Bill Maher, “no te puedes llamar progresista si toleras la intolerancia”.

Gracias por leer.