*Artículo originalmente escrito para “Los Editoriales”*

En el espíritu de apertura de este espacio, hoy quiero hablarles de uno de esos temas trascendentales de la vida, en el contexto en que lo llevan la mayoría de nuestros lectores, que es el de la juventud. Hoy el tema es… el amor.

Lo mejor, claro, siempre es comenzar por el principio y ello es más fácil de lo que parece cuando no estás envuelto en esa nube atontadora que todo lo hace ver más bonito de lo que en realidad es.

El amor, como muchos procesos químicos importantes en el cerebro, comienza con detalles muy pequeños, a veces, un gesto, una sonrisa, una ceja levantada coquetamente en el momento correcto, un gesto de flirteo contestado de la manera adecuada, en el momento preciso es lo que abre camino a los pasos iniciales de un proceso más largo.

Cuando este proceso comienza y una vez que los primeros pasos han sido dados, se entra a la llamada etapa de enamoramiento, que se caracteriza por el cliché de vernos estupidizados, envueltos por una nube rosa que todo nos hace verlo bonito, especialmente a la persona que despertó el sentimiento en nosotros.

Claro, todo lo anterior forma parte del conocimiento común de las personas, lo que quizás no tantos de ustedes sepan es que este es un proceso muy específico y medible, que dura entre tres y cuatro años, a lo largo de los cuales, paulatinamente, va perdiendo intensidad, hasta desaparecer.

Seguramente la pregunta en la mente de algunos de ustedes es… ¿Desaparecer? ¿Y qué pasa luego? Y eso depende de muchos factores, en especial, de lo que yace bajo la química que inicialmente los unió… ¿Existe una compatibilidad de caracteres? ¿Tienen las suficientes cosas en común?

Claro, no se trata de elegir a una persona que sea una calca exacta de nosotros a nivel mental o emocional, pero para trascender el factor químico que tiene caducidad, lo importante es tener bases que sostengan a la relación una vez que esa química se termine, digo, es fácil enamorarse y ver todas las diferencias de nuestra pareja como algo emocionante, algo exótico que es excitante, pero también es cierto, y está muy bien medido, que mientras la química se va acabando, eventualmente todo lo que veíamos de esa manera tan particular y positiva va a ir cambiando, de modo que para el tercer o cuarto año (y a veces, mucho antes) terminamos odiando todas esas diferencias, incluso con mayor pasión de la que antes las amábamos.

Es natural que al enamorarnos no podamos pensar en nada más que pasar el resto de nuestras vidas con esa persona, sin embargo, es fácil perder perspectiva cuando nuestro cerebro se convierte en una enredadera de químicos que entorpecen nuestro proceso de pensamiento.

Lo importante, más que nada, es entender que en la juventud el amor es un entrenamiento para el futuro, para aprender a llevar diferentes tipos de relaciones y a resolver diferentes tipos de problemáticas cuando finalmente encontremos a la persona con quien elijamos casarnos (si es que es el caso), es un deber de cada uno de nosotros tomar lo mejor de cada experiencia, buena o mala, y aplicarlo en la siguiente relación que tengamos… y claro, tenemos también la obligación con nosotros mismos de elegir cada vez parejas que sean más compatibles con nosotros a largo plazo y no sólo químicamente hablando. Y también tener muchas parejas (claro, no al mismo tiempo, tampoco se pasen… ¬¬)

Amar es una batalla, dicen algunos soñadores, una que es mejor emprender para no quedarse con esa sensación hueca y limitante del “¿Qué hubiera sido?” y la verdad es que así es, pero complementándolo, aun cuando la persona con quien compartamos ese momento de nuestra existencia sea idiota e indigna de nuestro tiempo, algo nos enseñará, algo que, en el futuro, cuando estemos en una relación y con una persona que si valga la pena, nos ayudará a resolver los problemas que se nos presenten.

Por lo demás, si crees (o quieres) que tu pareja actual o aquella que planeas conquistar tenga más probabilidades de ser la definitiva, toma en consideración que necesitan tener suficientes cosas en común como para que, una vez que los químicos se agoten, pasar tiempo juntos haciendo las cosas que les gustan no sean tortura para ninguno de los dos, también es aconsejable que se concienticen de que son dos seres separados que acuerdan formar algo que es más grande que ambos, pero que tampoco debe suprimirlos como individuos… o sea que, siempre será bueno estar juntos, pero no quiere ello decir que SIEMPRE deban estarlo, dense su espacio, no se sofoquen, no tiene nada de malo querer hacer de vez en cuando cosas por separado… (claro, tampoco te le desaparezcas todo el tiempo a tu pareja, hay diferencia entre darse espacio y no estar comprometido).

El amor empieza por “chiripa”, pero sólo se conserva trabajándolo. Irónicamente, muchas personas llegan a sentir que pueden vivir de su amor, pero, la verdad, ni el amor puede vivir de sí mismo por mucho tiempo si no lo alimentamos con esfuerzo y procurando estar con una persona que sea “natural” para nosotros a un nivel emocional, no sólo químico… y recordar que, mientras más tengas en común, más probabilidades tendrás de una relación plena, saludable y duradera.

Gracias por leer.