*Artículo originalmente escrito para “Los Editoriales”*

Para cualquier observador de la historia, desde la más antigua, hasta la más reciente, eventualmente algo resalta, para algunos, tan claro como es el día, para otros, sólo evidente a través del análisis detallado y la comprensión de los eventos históricos determinados, pero no he conocido a nadie que no concuerde en que la sociedad ha sido desde los albores del tiempo y, hasta estos días, a nivel político y social, la lucha de dos polos opuestos, el de los conservadores y el de los liberales.

El problema es que, como es costumbre con los extremos opuestos, ideológicos o de cualquier tipo, uno siempre tiende a ver al otro como su némesis, la representación de todo aquello con lo que hay que acabar… sin darse cuenta, en su arrogancia, de que el único peligro de ambas corrientes, es el extremismo.

Sin embargo, hay que decirlo, ser conservador siempre implica, aún en la más pequeña de las medidas, que puede existir una cierta oposición al progreso, pues, a fin de cuentas, la esencia conservadora es la que le da su nombre a esta corriente, la de conservar el estatus quo… y a veces ni siquiera aquel en el que se vive, sino querer regresar a uno anterior, o sea, a veces, es retrógrada.

Del lado político, la historia es parecida, nuestro México ha conocido mucho de ambas corrientes… pues tras la guerra de independencia, nos quedamos con esos dos bandos, aquellos acaudalados que querían conservar sus privilegios de la era que acababan de ayudar a cerrar y otros, de clases menos afortunadas, que querían esos privilegios, pero ya ni siquiera para ellos únicamente, sino para todos…

Claro, contextualizarlo así podrá parecer injusto… y tal vez lo sea, pues los conservadores a fin de cuentas querían lo que cualquiera, que ellos, sus familias y sus descendientes quedaran cubiertos ante un futuro incierto… claro, en el contexto histórico, amén de algunas excepciones, esto quería decir que sólo se importaban a sí mismos y “que se jodiera el pueblo” y, honestamente, todo aquello que, por poco que sea en la práctica, nos aleja del barbarismo y de cualquier situación es nacido del pensamiento liberal, mientras que, aquello predominante en el país que nos aleja de una democracia funcional en la práctica y fomenta la desigualdad en todas sus formas, es herencia de corrientes conservadoras. Y si, reitero, ello puede parecer injusto de señalar, pero eso no lo hace menos cierto.
Actualmente, por ejemplo, hay una situación de crisis en Estados Unidos que nace a partir del control republicano (el partido conservador) en las cámaras, que se ha caracterizado por su extremismo y, con él, queriendo dictar las reglas de la realidad, negando lo que todos saben, que sus políticas crearon la reciente crisis del techo de deuda y que, por si fuera poco, tomaron como rehén a su país en una situación por ellos provocada, exigiendo al presidente Obama la aceptación de todas sus condiciones si es que no quería que el plazo para un acuerdo venciera sin tener tal.

En México, a pesar de no haber entrado a una fase tan explícitamente ridícula (Sorprendente, ¿Verdad?), implícitamente llevamos viviendo en ello básicamente desde la colonia, con pequeñas pausas de aportes liberales que luego son comidos por el abuso y exceso conservador (aún de aquellos disfrazados de liberales o de idealistas de centro).

En lo religioso, recientemente pudimos ver ejemplos del conservadurismo, con las controversias desatadas, primero, por el matrimonio y, después por la adopción por parte de homosexuales, en una serie de manifestaciones impulsadas por religiosos (conservadores por naturaleza en lo social) que equivalen a pararse frente a los gays como sociedad y decirles “Miren, como NOSOTROS no somos lo suficientemente MADUROS, a USTEDES les toca pagarla, lo sentimos”. Y en el caso del aborto, donde la presión de estos grupos, por más bienintencionada que sea, terminará costando más vidas de las que claman querer salvar.

A nivel político, recordemos que el PAN es un partido de base conservadora y aunque es injusto y estúpido culparlos del todo por la actual situación (sin que ello signifique reconocer la enorme culpa que si llevan de muchas problemáticas contemporáneas), los resultados de sus gobiernos se mantienen fieles a su doctrina filosófica, al menos, en parte… los empresarios, especialmente aquellos con tendencias monopólicas, con todo y multas que en nada los afectan, son más fuertes que nunca, el poder del trabajador, por el contrario, se encuentra más reducido que en mucho tiempo, no sólo sobreviven y prosperan esquemas de pago (como el del pago por honorarios, por ejemplo) que burlan las leyes laborales y los derechos del trabajador, sino que tenemos a un presidente que se promocionó como el del empleo alzándose el cuello por seguir generando empleos de fábrica para una población en su mayoría pobre, en un país que necesita reforzar su clase media, pero que, al contrario, cada vez se le ve más flaca.

Como digo, es ridículo culpar de todo al PAN, pero sus tendencias conservadoras y los resultados de las mismas, no se pueden negar (desde las políticas ineficientes y declaraciones políticas de Ernesto Cordero que ahora clama no votar por los populares sin contexto… “Ha-ha”) hasta la sistemática violación de los derechos laborales y la clase media…

Como nación cometemos muchos errores y, uno de ellos, es no reparar en que aquellos por quienes votamos defienden, en algunos casos, una ideología que, tan solo por ello mismo, conviene conocer.

Otros errores, como el partidismo, los abordaremos más adelante porque, por hoy, creo que el punto quedó ilustrado.

Gracias por leer.