Imaginen este escenario:

Se declara una prohibición, los ciudadanos están imposibilitados por la ley para consumir una serie de productos que alteran la percepción… esto, lejos de desalentar su consumo, promueve la clandestinidad en la que grupos criminales que pretenden lucrar con este mercado se cobijan… lo que se traduce en una guerra con las fuerzas del orden… Los criminales se enriquecen, hay violencia en las calles, gente que muere en fuegos cruzados…

Este escenario es una realidad para mucha gente alrededor del mundo, sin embargo, la referencia que pretendía hacer era a una época específica del pasado… la prohibición del alcohol, específicamente la de Estados Unidos, pero sin olvidar que dicha prohibición se dio en muchos países alrededor del mundo…

Ahora… ¿Cómo se superó este escenario de violencia, clandestinidad y enriquecimiento ilícito de grupos criminales? Bueno, ello se logró, por un lado, legalizando nuevamente el consumo de las bebidas alcohólicas, pero no de la manera en que los políticos de la actualidad parecen entender el concepto, sino creando un MARCO REGULATORIO para su consumo, estableciendo una serie de condiciones para el mismo que, de violarse, caerían en un rompimiento de la ley que se castigaría conforme a dicha legislación…

Pero claro, esto no vino fácil… el gobierno Estadounidense mantuvo un “concurso de meadas” con los grupos criminales y las mafias del alcohol que duró cerca de 13 años (Durante el cual se dio la clase de carrera armamentista entre las fuerzas del orden y los grupos criminales que la comisión de la O.N.U. en cuanto a este tema de la lucha contra las drogas ha advertido a los países… de hecho ejemplificando a México como un lugar donde ya se da.)

Por desgracia, el problema actualmente es más grande (y en menos tiempo…) pues en los casi trece años que la lucha contra el alcohol duró en Estados Unidos nunca fue necesaria, ni pedida, ni considerada, la incursión de las fuerzas armadas para poner orden en los grupos criminales y regresar la paz a las calles de las zonas en conflicto, cosa que ya se da en México… desde el momento en que ello es considerado, ofrecido o requerido como una opción, lo sepan nuestros gobernantes o no, caímos ya en una situación peor…

Y el problema es que cada vez que el gobierno mexicano da un paso contra el narcotráfico, más avergonzados parecen sentirse sus funcionarios de dar otro hacia atrás (aún y cuando podría resultar en beneficios para la población), convirtiendo a esto en otro penoso concurso de meadas entre el gobierno y los grupos criminales, con nuestro presidente sintiéndose avergonzado ante la idea de dejar de exprimir su vejiga y guardar a su “amiguito”, cediendo la así por él considerada “victoria”, sin darse cuenta de que en esas situaciones a veces la dignidad y los considerables daños a los muebles de la habitación donde ambos bandos compiten (Parte del problema, compiten donde nos afectan a todos y nos cae su porquería) resulta ser más importante que realmente “ganar”.

Nuestro presidente, cada vez que se le ha ofrecido hablar del tema de la legalización, lo desestima, a veces hasta burlonamente, como si “legalizar las drogas” quisiera decir “dar carta abierta a que todos consuman cuando quieran, donde quieran y en las cantidades que quieran”, lo que refleja su gran ignorancia sobre dicha sugerencia, simple lógica… el alcohol es legal, pero… ¿Podemos consumirlo cuando queramos, donde queramos y en las cantidades que queramos? ¡POR SUPUESTO QUE NO! Entonces, ¿Por qué asumir que una legalización de las drogas sea diferente del marco legal en el que se permite por ley el consumo del alcohol?

Hoy en día, gracias a esta guerra, vivimos en una gran hipocresía social, en la que se condena y se habla con vergüenza de las consecuencias del uso de drogas (como si el sólo uso implicara drogadicción… que sería como decir que el sólo uso del alcohol implicara alcoholismo), con anuncios llenos de historias trágicas sobre personas que encontraron perdición en ellas… pero, tras verlos con detenimiento, díganme, por favor ¿No han visto, oído o sabido por cualquier medio de casos exáctamente iguales a los de estas propagandas que, en lugar de derivarse del uso de drogas ilegales, se han dado por el consumo de alcohol? Si van a hacer una guerra contra sustancias adictivas que alteran la percepción y vuelven potencialmente peligrosas a quien las consume por, probablemente en algunos casos, despertarles instintos violentos o afectar su capacidad para conducir vehículos entonces… ¿Por qué seguir permitiendo el consumo de alcohol? Su consumo con abuso también se traduce en historias de tragedia, violencia y muerte…

Eso es de lo que hablamos aquí, de una flagrante parcialidad e hipocresía de un gobierno que pretende jugar a las vencidas con los criminales, desestimando toda solución que les represente el trabajo de construir un marco legal y aún así, por el puro orgullo de no perder este concurso de meadas, terminan trabajando muchísimo más en seguir con este enfoque ridículo y violento, que multiplica la tragedia que genera por sí misma el abuso de sustancias…

La semana pasada, Leo Zuckerman, destacado periodista y líder de opinión, nos ofreció en el periódico excelsior su visión de este tema, pero desde la óptica del cigarro… muy al estilo del discurso que David Spader diera como su personaje, Alan Shore, en la ya extinta serie de televisión “Justicia ciega” (Boston Legal) en el que entablara una demanda contra una tabacalera, hablándonos de los perjuicios del cigarro, de cómo este es el único producto que consta de una serie de venenos y cancerígenos adictivos que, aún cuando se consumen según las especificaciones del fabricante, aumentan exponencialmente (y de una manera tan alta, que es ridícula) el riesgo de múltiples enfermedades y complicaciones que se extienden básicamente por todo el organismo… causando una muerte en el mundo cada tantos segundos… costando a familias y sistemas de salud de cada país miles de millones de dólares… ¿Por qué es este veneno mortal legal? Pregunta Zuckerman, respondiendo su retórica así “… porque nos hemos dado cuenta de que la prohibición no funciona para combatir el consumo de drogas y la adicción. Lo que funciona son las políticas de salud y educación públicas. Gracias a eso han bajado los índices de tabaquismo en el mundo entero.”

Y al final así es… porque debe haber una libertad del individuo, de elegir su propio destino y aún cuando no es el papel de los gobiernos pensar por sus ciudadanos… con respecto al cigarro se han creado alrededor del mundo una serie de movimientos legislativos de cada vez más gobiernos destinados a desmotivar su consumo… que constan de la impresión de imágenes en las cajetillas (nos comparte Zuckerman que desde que esta campaña comenzó, tres de cada diez fumadores han dejado el hábito, en el mundo), adicionalmente, la inclusión de políticas de protección a los no fumadores y, como broche de oro, el aumento del costo de las cajetillas, por el cobro de impuestos dedicado a fortalecer los sistemas de salud y el combate a las enfermedades derivadas del mismo…

Esta serie de marcos legales existentes, tanto para desalentar el consumo del cigarro, como para regular el del alcohol, deberían ser aplicados en una legalización INTELIGENTE de las drogas y no como la única que el presidente de México, Felipe Calderón, parece poder imaginar… una legalización pendeja, como su enfoque también lo es… lo risible no es la idea de la legalización, sino la manera ingenua y tonta en que el presidente de México y mandatarios y políticos de todo el mundo la perciben… sin poder ver más allá de sus propias limitaciones, su propio orgullo y su poca voluntad de interrumpir ese ridículo concurso de meadas por un momento, para dejar de tirarnos el jugo de sus vejigas encima a todos mientras tratan de pasar a la historia como los héroes que nunca serán, por jugar con las vidas de los ciudadanos en una escalada de violencia y luego, como Calderón, reducir esas vidas al término estúpido de “daños colaterales”.

Esta ha sido la entrada de hoy, con un tono más subido que el de costumbre, pero con esa necesidad imperiosa de decirle a nuestros estúpidos políticos que dejen de jugar al “traje nuevo del emperador” que ya todos hemos visto, sin realmente desearlo, las miserias de todos ellos… y que mirarnos por encima del hombro con sonrisas estúpidas y con desdén, como si fuéramos pendejos no va a hacer que de pronto el traje nuevo que creen que tienen cubriendo sus vergüenzas aparezca… ni que los mayores pendejos, dejen de ser ellos.

Me despido recordándoles que pueden seguir este espacio por Facebook (en “Esa voz en tu cabeza“) y por Twitter (a través de @ZarexAvatar o revisando el hashtag #EsaVozEnTuCabeza con regularidad) y dejen sus comentarios y opiniones, tanto del contenido actual, como de lo que les gustaría ver, les aseguro que serán leídas con agrado y respondidos a la brevedad.

Gracias por leer.

Fin de la entrada.