Hace tiempo, en la última entrada relacionada a este tema que escribí, amenacé con, algún día, traer este tema a colación y creo que vendría a ser hoy el día en que dicha amenaza se concreta…

Hay infinitos enfoques, todos válidos, pero no siempre compatibles, desde los que podríamos analizar al amor, pues, en cierta medida, cuando se presenta, nuestras identidades se alteran, nuestras esencias cambian y los enfoques con que vemos al mundo se distorsionan, de diferentes formas y en distintas magnitudes…

Sin embargo, para complementar en base a todos los enfoques inexplorados de este tema que no han sido abordados en este espacio, sin duda hay que comenzar desde el principio…

El amor... ¿Se trabaja?

Empezaríamos por el concepto de “amor verdadero”, su existencia es sostenida por muchos, desestimada por otros y sentida por algunos más… la mayoría de los cuales superará en los próximos meses o años dicho sentimiento, descartando su legitimidad y será sólo un porcentaje ínfimo el que pueda presumir, tras décadas, que su amor es, aunque no perfecto, sí verdadero. Por ello sabemos, que aunque es más la excepción que la regla, el así llamado “verdadero amor” puede existir… Y a pesar de la visión práctica que demanda pruebas razonables para todo… el argumento radica en que existe precisamente porque no es como en los cuentos de hadas, existe porque no es sólo “ver a alguien a los ojos y saber que estarán juntos toda la vida y serán felices para siempre”, pues la verdad es que el amor (el “verdadero”, quiero decir) es de quien lo trabaja.

Usualmente existe esa idea mágica del amor en la que se basa esa concepción de que se da orgánicamente, sólo fluye y no requiere de esfuerzo… por ello a más de uno le sonará extraño que el amor debe trabajarse… y sin embargo, llegar a la etapa en que el amor vive de trabajarlo es la que sólo experimentan los que tienen suerte en él… sí, así es, para tener la fortuna de llegar a la etapa de poder “trabajar el amor”, se debe tener una relación y una conexión que haya sobrevivido ya a ese punto, a muchas cosas… pues a pesar de que la pregunta predominante en la mente de mis imaginarios lectores es “¿Cómo trabajo al amor?”, la verdad es que ese vendría a ser el ÚLTIMO paso en una serie de etapas y situaciones, de las que sólo se puede decir que pasarlas satisfactoriamente equivale a sacarse la lotería una vez por cada una de ellas (sí, el “amor verdadero” existe, pero… no creyeron que sería fácil… ¿Verdad?) y lo triste es que si pasas por cualquiera de esas etapas sin poder llegar al final, no importa cuánto trabajes el amor… sólo se quedará siendo su otra mejor definición “La enfermedad del p*nd*j*” (si, la censura es intencional… =P)

Claro, es primordial entender algo primero… y entenderlo lo mejor posible en orden de avanzar, pues de otro modo lo estaríamos dejando todo a la suerte y si bien hay personas que dejando todo a la suerte han encontrado el amor… hay que entender que lograrlo, reitero, es como sacarse la lotería varias veces seguidas… la verdad es que son anormalidades estadísticas… amén de los casos que sólo lo aparentan, pero son todo menos amor “verdadero” bajo su superficie… el amor es, en esencia, una cadena causal, una que depende de cada eslabón en ella y es, como se dice popularmente “tan frágil como su eslabón más débil”, de modo que, de poco sirve construir eslabones fuertes y trabajar el amor con vigor a partir de cierto punto, pues, si antes de ese punto los eslabones no son fuertes, a fin de cuentas será en vano, como construir una casa en arena, sin cimientos…

Otra de las cosas que hay que entender es que en el amor, sobre todo en sus primeras manifestaciones y etapas, todo es humo y espejos, nada es confiable… aún menos nosotros y nuestros sentidos y un sinfín de variables en nuestra situación que, aunque no siempre impiden nuestro avance, si hacen virtualmente imposible el avance de un amor genuino y por ello, aún más difícil de lograr ese “amor verdadero” que hay que trabajar para disfrutar…

Pero de nuevo, para llegar a ese dulce punto donde el amor se trabaja, mucho hay que superar y, sirva a la causa señalarlo, la variable más radical, la más importante e influyente y por tanto, la responsable de más rupturas dolorosas, tanto de noviazgos, como de matrimonios, es aquella que degenera en la famosa “incompatibilidad de caracteres”.

Hace tiempo pude ver que una idea popular sobre el amor es “buscar” a una persona opuesta a ti para “complementarse” y si bien nunca faltará el caso del suertudo que logra tener una relación de este tipo y hacerla sobrevivir, la verdad es que todos esos suertudos son o una de esas anomalías estadísticas de las que les hablaba o no están concientes de que los días de ese amor están contados y terminarán, en la mayoría de los casos, de un modo muy doloroso… (osea, reitero nuevamente, son la excepción o una regla que aún tiene que esperar para verse cumplida.)

Tampoco se trata de buscar a alguien idéntico a nosotros, eso también tiene sus contras, pero el mejor secreto para una relación que perdure con el tiempo y que se pueda trabajar sin sentir cada esfuerzo como un sacrificio, es aprender a ver cuando alguien es COMPATIBLE con nosotros… mientras más compatible, mejor… gustos similares significa que pasarás menos tiempo “tolerando” actividades que no disfrutas o que podrías incluso odiar, creencias similares implican menos discusiones por debates políticos/filosóficos/religiosos que podrían ser demasiado personales para uno o ambos, deteriorando la relación con el tiempo… madurez similar implica no pasar el tiempo con alguien demasiado aburrido, petulante o condescendiente que se creé más inteligente que tú o con alguien inmaduro e irritante… etcétera… El problema es que cuando hay química… y cuando se desatan los procesos que inician el así llamado “amor químico”, no nos damos cuenta de esos detalles, pensamos que todo será siempre perfecto, las diferencias y costumbres diferentes de quien amamos nos parecen adorables, pero no se engañen, el amor químico tiene caducidad y lo que hoy te parece nuevo, atrayente e intrigante, marquen mis palabras, llegará el día en que te parecerá lo más odioso que hay, hasta que cada vez que veas esas conductas diferentes, sientas que estallas por dentro, creando discusiones y situaciones dolorosas para ambos por cosas que debiste saber desde un principio que serían un problema, pero decidiste pasarlo por alto.

La importancia de lo anterior radica precisamente en que la mayoría de las personas no se dan cuenta de que el enamoramiento expira… al menos en la forma de ese primer impulso químico del cerebro que convierte a la otra persona en el centro de nuestro universo… no puedes basar una relación en ese impulso químico, porque cuando se acabe nada quedará… ese es el primer secreto, mientras más cosas puedan sobrevivir entre ustedes a la extinción de ese impulso químico, más posibilidades tienen de una relación duradera en la que el trabajo no se sienta como sacrificio y esclavitud… y en la que el enamoramiento se convierte en ese amor verdadero, que todos buscamos y queremos mantener…

El amor químico, o enamoramiento, se dice, dura entre tres y cuatro años… si ese amor es mutuo y se traduce en una relación, tras ese tiempo sólo quedará lo que se tenga en común con la pareja y lo que se haya construido aprovechando ese empujón… si lo hacemos bien, eso que queda cuando el impulso de ese empujón se acaba, es amor verdadero… pero si no es suficiente lo que se aprovechó o lo que queda una vez que este se acaba, la mayoría de las relaciones, como si fueran un cuerpo recién fallecido, se someten a un proceso de degeneración de los tejidos sentimentales que los mantienen unidos, tras el cual, sólo quedan las razones para terminar… aunque a veces no se puedan (o no se quieran) ver…

Pero incluso para aspirar a llegar a ese amargo final, que implica haber disfrutado de lo mejor que ese amor tenía para ofrecer, demanda una de las dificultades más marcadas del amor y las relaciones… aprender a dejar ir el orgullo y aceptar cuando algo ha terminado… a veces ponemos tanto tiempo, esfuerzo y trabajo en algo, que nos aferramos a ello, incluso cuando indirectamente amenaza con hacernos daño, no importa si es obvio (como las personas que viven en zonas de riesgo a punto de ser impactadas por un desastre y se niegan a dejar sus posesiones) o si no lo es (como en el amor). Por la propia sanidad mental hay que aprender a reconocer cuando algo, lejos de dar plenitud a nuestra vida, la envenena y entender que nada justifica mantenernos en una situación tóxica, pues, a mayor tiempo de mantenerla, más daño hará el dejarla y a eso se le sumará el daño que se acumule por todo el tiempo que dicha despedida fue pospuesta.

Pero tristemente, trabajar el amor no solo se trata de construir los cimientos que sobrevivirán a la etapa del enamoramiento, no basta con estar con alguien con quien somos compatibles mental, física, espiritualmente y en cuestión de hábitos… no solo se trata de forjar una relación funcional a pesar de los tropiezos, enojos, malentendidos, disputas y peleas que obviamente TODAS las parejas tendrán (hasta la más enamorada y digna de cuento de hadas), se trata de saber lo que enfrentamos, de tener metas en común, de ser capaces de sincronizar nuestros sueños, aspiraciones y planes de vida, lo que nos lleva a otra de las claves del amor, sin cuya existencia, ni todo el trabajo, la compatibilidad química, física y mental, ni todo el amor, logrará ayudarnos a construir algo, me refiero, a la sincronía.

El ser humano se enfrenta a muchos dilemas y misterios en cuanto a su existencia, uno de ellos es el funcionamiento del mundo, pues ni siquiera nos ponemos de acuerdo si este se debe al destino o a los azares de una compleja causalidad, alimentada por cada acción individual a la usanza del “efecto mariposa”, pero el punto es, la sincronía entre dos personas, es algo fundamental y a veces, por varias causas, nos perdemos tanto en tal o cual momento, que obviamos su existencia y, con ello, condenando el futuro que nosotros y la persona con quien estemos, podamos tener juntos…

La sincronía es vital, pero por sí misma, no logra nada… y es compleja, pues abarca desde el eje de nuestras conciencias, en el que nos “damos cuenta” de que “estamos listos” para estar con una persona al mismo tiempo que esa persona siente lo mismo por nosotros… por desgracia, que dos personas decidan estar juntas a la vez no implica la existencia de esta sincronía, a veces las decisiones de empezar una relación se “contaminan” por distintos aspectos, desde sentimientos no necesariamente amorosos que nos despierta la otra persona (admiración, gratitud, protección, interés, lástima, o hasta ternura, entre muchos otros), pero claro, no termina ahí, la sincronía puede ser el comienzo de todo, pero deberá jugar un papel vital en mantener las cosas, pues así como se tiene en un comienzo, se puede perder, por ello es importante estar en “el mismo canal” de nuestras parejas, tener ambiciones similares, o como mínimo, compatibles, tener una idea conjunta de un plan de vida que a ambos emocione querer lograr, lo que muchas veces se obvia, llegando, con el tiempo a violentos y terribles choques…

La sincronía se pierde de muchas maneras, a veces, por la forma distinta en que una pareja vaya madurando y evolucionando, a veces algo tan normal y natural como el ritmo distinto al que las personas maduramos hace que esa sincronía se pierda y entonces, de la misma manera en que muchas relaciones inician, confundiendo alguna emoción no amorosa con sincronía, por esas mismas razones, las relaciones que ya no están sincronizadas, se mantienen, envenenándonos como a esas personas que tienen esa incompatibilidad de caracteres que por el amor químico dejaran pasar…

Ahora, supongamos que una pareja tiene esa sincronía y una compatibilidad de caracteres impecable… y que durante la duración de su amor químico se mantienen sincronizados no sólo en cuanto a sus intereses y compatibilidades, sino en cuanto a sus metas… bueno, vendría a ser aquí, mis imaginarios lectores, donde empieza el “trabajo” y dicho trabajo radica, precisamente, en mantener estos factores monitoreados, en saber que formamos parte de algo más grande que nosotros, como individuos y en esforzarnos, sin forzarnos, por mantener todo aquello que hace funcionar la relación, en el entendido de que, si al hacerlo, notamos que uno de esos factores vitales, se pierde, lo mejor es reconocer que nos equivocamos y dejar ir ese amor… antes de que se vuelva tóxico, venenoso y mate tanto a la relación, como a nuestro interior…

Si te falta uno de estos factores o si lo pierdes y caes en negación en cualquiera de los dos casos… al igual para todos aquellos atorados en amores platónicos con personas que nunca considerarían ni mirarlos románticamente siquiera, el amor es y será, mientras se apeguen a esa forma presente frustrada del mismo, la “enfermedad del p*nd*j*” y ni todo el trabajo del mundo podría salvarlo (aunque no se engañen, poner demasiado trabajo en salvar una relación puede funcionar, pero recuerden lo dicho, para que ello valga de algo y nos haga felices, de ser “esforzarse sin forzarse”, de otro modo, caen en lo mismo, pero engañándose a ustedes mismos.) Así que, sin ánimos de ofender, sino más bien como un buen consejo, no sean “p*nd*j*s” y trabajen si tienen algo por qué trabajar y dejen ir aquello por lo que no vale la pena forzarse…

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Así llegamos al final de esta entrada, esperando que haya sido de su agrado y que les haya aportado algo… me despido no sin antes, como siempre, recordarles que pueden seguir este espacio por Facebook (en “Esa voz en tu cabeza“) y por Twitter (a través de @ZarexAvatar o revisando el hashtag #EsaVozEnTuCabeza con regularidad) y dejen sus comentarios y opiniones, tanto del contenido actual, como de lo que les gustaría ver, les aseguro que serán leídas con agrado y respondidos a la brevedad.

Gracias por leer.

Fin de la entrada.