Mucho se podría debatir sobre lo obsoleto de las instituciones religiosas en la actualidad, sobre todo en función de la relación Bien/Mal que representan para el mundo, pues por más gente que diga que “la religión no hace daño”, la verdad es que es uno de los principales motores del odio, la discriminación y la persecución en la actualidad, claro, algunas religiones lo son más que otras, pero en cierta medida, todas representan al menos algunos de estos horribles antivalores.

Así que, para irnos poniendo en materia con el tema de hoy, he aquí algunas preguntas interesantes:

Cuando entran en conflicto ¿Cuál debe prevalecer? ¿El derecho religioso? ¿O el derecho en general? Y más importante aún ¿Es menos sagrado el derecho laico que el religioso… por no ser religioso?

Esta entrada pondrá pie sobre una línea muy borrosa, una que hay que tener amplio criterio para explorar y no temer dejar de ser, al menos por un momento, políticamente correctos para entender a cabalidad, así que si tú, lector, estás demasiado atado a tus ideas religiosas o crees tanto en la tolerancia que toleras a los intolerantes y crees fervientemente que no se puede vivir de otra forma, te exhorto a no seguir leyendo.

Bueno, para entrar en calor, comencemos con dos citas que ilustran eficientemente las contradicciones y paradojas a las que el presente texto pretende llevarnos:

“Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo.”

-Voltaire.

“Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”

-Evelyn Beatrice Hall (En el libro “Los amigos de Voltaire”, y con cuya frase pretende sumarizar la actitud del filósofo y escritor francés)

La primera paradoja a la que nos enfrentamos es una que, tristemente, no presenta una aproximación idónea en nuestras sociedades más progresistas:

“¿Defenderías hasta la muerte el derecho de alguien a decir que otros no deberían tener el derecho de poder decir lo que piensan?”

Y por si fuera poco, se pone peor, pues sea cual sea tu respuesta, hay otra más difícil.

Si respondes que si: “¿Qué pasa con el derecho de aquellos que es afectado por el represor cuyo derecho si defiendes aunque no compartas?”

Si respondes que no: “¿Estás diciendo que debemos favorecer el derecho de algunos a decir lo que piensan… y el de otros no?”

En el lado bueno de esta ecuación es que podemos trazar la línea de una manera muy fácil, sobre todo al ser sociedades progresistas y es hacerlo a través de la tolerancia y el respeto… la censura y la imposición pueden ser muy dañinas, pero también la libertad desbocada de invitar a la represión y la discriminación…

En una sociedad progresista, lo ideal es imponer la libertad y reprimir a todo aquel que afrente contra ella o los derechos que representa, AHÍ es donde se debería trazar la línea y es también a donde podemos acudir cuando las zonas “grises” y confusas se presenten, pues el caso es, si vamos a imponer algo, que sea respeto y libertad y el derecho a decir lo que se piensa, siempre y cuando no atente contra la libertad y los derechos de aquellos que viven de manera diferente a los inconformes.

El famoso "Buddy Christ" de la cinta "Dogma" de Kevin Smith

Para este punto muchos se estarán preguntando cuánto tardará en entrar a la ecuación la parte “activista” de esta entrada… y aquí va.

Durante la pasada semana santa, en España, se quiso realizar un evento, uno mal llamado “procesión atea”, al que una organización con tintes más anti teístas que ateos convocaba, haciendo uso de nombres provocadores de presuntas organizaciones católicas ficticias que hacían referencia a recientes escándalos de la iglesia católica, como los de pedofilia…

Como mucha gente, yo no estuve de acuerdo con ese tipo de movimiento y puedo decir con certeza que nunca me asociaría con algo así, sin embargo, me indignó ver la respuesta del gobierno español, de prohibir totalmente la realización de este evento, pues si bien lo percibieron correctamente, como una provocación, se trata de gente que tiene todo el derecho de expresarse… haciendo notar que a la iglesia católica, al igual que A CUALQUIER iglesia, le sobran, y con creces, motivos para que se realice activismo en su contra.

Con esta acción el gobierno español demostró que no es representativo de todos sus ciudadanos y las muestras de júbilo de diversos políticos ante la resolución de prohibir la marcha, sólo dejó claro que el gobierno funciona exclusivamente para la mayoría católica de los ciudadanos y que siempre que algo choque con la fe de esa mayoría, ha de ser suprimido, lo que, por decir lo menos, es algo penoso, muy penoso…

Otro incidente fue el que se dio el pasado “Domingo de Gloria” en la catedral metropolitana, en México D.F. en donde tres personas irrumpieron en el mencionado recinto a gritar consignas contra el señor Norberto Rivera (a quien no me refiero por su cargo eclesiástico al no compartir su fe) y estrellando una escultura de la virgen de Guadalupe (que ellos llevaban, no era propiedad de la iglesia) en el piso. A diferencia de lo ocurrido en España, aquí la intervención de la autoridad terminó en la liberación de las personas, a quienes sólo se les reprimió por irrumpir en el recinto antes nombrado.

En un breve apartado, hay una marcada miopía en la iglesia Católica (bueno, básicamente en todas las distintas iglesias existentes), pues, por medio de Armando Martínez, presidente del colegio de abogados católicos (y hace unos días también en un artículo del semanario “desde la fe”), sin pruebas, se culpó al Partido de la Revolución Democrática por organizar este hecho, sin considerar todas las razones que la gente tiene para manifestarse y hacer activismo, pues de la iglesia católica, tan sólo en México, emanan un sinfín de declaraciones penosas y vergonzosas sobre distintos temas, que son tan absurdas que parecen salidas de una caricatura, entre ellas muchas hechas por, sólo por mencionar a algunos, Hugo Valdemar, Norberto Rivera y Juan Sandoval Íñiguez.

Desgraciadamente muchos creyentes se toman de manera demasiado personal cualquier tipo de activismo contra la iglesia de la que son parte… y aunque es natural, digo “desgraciadamente”, porque no se toman de manera tan personal (todo lo contrario) las penosas declaraciones de los representantes de su iglesia. Vivimos en un mundo que nos exige respetar los mantos religiosos y la fe de las personas, pero que no le exige a aquellos bajo esos mantos la misma clase de respeto mientras sepan anclarse con suficiente eficiencia en el derecho religioso…

En este sentido me gusta hacer referencia del escritor, comediante y conductor de televisión Bill Maher, quien al final de su documental, “Religulous”, nos pregunta si seríamos parte de un club que promueve la intolerancia, la persecución de quienes piensan y llevan estilos de vida diferente al que consideramos correcto, la discriminación a mujeres y homosexuales, machismo, entre otras cosas… y nos pone en perspectiva que eso es precisamente la religión en general, o bueno, siendo más específicos, eso son las iglesias, algunas en mayor medida que otras, claro, pero todas presentan una o varias de esas características y Bill Maher remata recordándonos que ser parte de cualquier club con defectos de esa naturaleza nos convertiría, por un lado, en facilitadores del poder e influencia que ese club necesita para llevar a cabo esas prácticas impunemente y, por el otro, en cómplices de las mismas.

Y esto de Maher lo tomo particularmente en serio, pues, su padre, un católico practicante, dejó de ir a su iglesia por no compartir, entre otros, los puntos de vista de la institución con respecto al control de natalidad, una de las posiciones más retrógradas de la iglesia católica… y otras más. Y es que ESO es lo que alguien con PRINCIPIOS debe hacer… si sabes lo que es correcto y el representante de la iglesia y responsable de la congregación a la que perteneces se aparta de lo que SABES que es correcto… ¿Por qué continuar siguiéndolo? ¿Por qué tantos prefieren renunciar a sus principios y adaptarlos al prejuicio de un sacerdote o jerarca eclesiástico retrógrada e ignorante que no es mejor persona que ellos?

En fin… regresando al tema que nos ocupa este día de la semana, otro tipo de activismo, uno más saludable, de hecho, lo encontramos en las parodias y creaciones de activistas contra los estragos que muchas iglesias promueven, sin embargo, no falta la tropa de personas que insultan a quien caricaturice a una figura religiosa o eclesiástica, en lugar de tratar de entender la razón o el mensaje de dicha representación… implicando con sus acciones que sólo su religión debe ser sagrada, no así la religión de los demás o las ideas y derechos de expresión de otros al respecto… Si eres parte de una iglesia que discrimina o promueve cualquier tipo de mensaje dañino y retrógrado (y virtualmente no existe iglesia que no lo haga, aún si fuera algo menor), entonces no deberías molestarte de lo que una parodia diga de tus creencias si aceptas las opiniones retrógradas del responsable de tu congregación sobre CUALQUIER tema, grande o pequeño.

En la era actual, donde, en la mayor parte del mundo, y más en occidente, vivimos una etapa en que la tolerancia y la libertad de expresión son, como debe de ser, llevadas al nivel de derechos fundamentales, pero es quizás en medio de este ambiente de tolerancia extrema a todos los discursos, todas las posiciones y todas las opiniones, que personas o instituciones logran aprovechar los puntos ciegos de estos derechos para estimular el prejuicio, la persecución y distintos tipos de discriminación, algunos más activos que otros… y una de las constantes más sonadas en este apartado de intolerancia es liderada por las religiones, si, todas ellas, unas en mayor medida que otras, pero todas al fin y al cabo.

Al final, esto se trata, más que nada, de defender el derecho de decir, pero el de todos, no sólo el de los religiosos… y si en algún momento se cree que la censura es correcta, entonces, aplicarla a todos, que no la religión, por ser religión, tenga beneficios por sobre aquellos que no forman parte de ninguna y que ninguna tenga derechos por sobre las demás… No sobraría que  existiera un código de conducta para las iglesias, en el que tengan ellas y los feligreses de cada una, total libertad para practicar sus creencias, pero que les esté prohibido querer imponerlas o realizar cualquier tipo de discriminación o agresión contra aquellos que no las compartan o realicen prácticas contrarias a ellas… sólo con eso bastaría para crear un mundo mejor… desgraciadamente también es utópico e improbable… así que si bien al final es cuestionable pretender censurar las voces retrógradas dentro de los cleros eclesiásticos existentes, es igual (o más) cuestionable pretender silenciar las voces que luchan contra esos mensajes retrógradas y esas chispas de discriminación que, dados los enormes números de las principales feligresías, siempre pueden amenazar con convertirse en incendios devastadores…

Y más importante, yo entiendo que las iglesias son para sus asistentes nidos de comfort, donde amigos y familia se reúnen para compartir su fe, sus creencias y la mutua compañía, aspirando al amor y entendimiento que cada Dios, libro sagrado y profeta correspondiente a cada una profesa… eso es muy respetable… pero por desgracia, por mejores intenciones, siempre llega un día en que la misma sociedad presenta un tema controversial, con el que el dogma religioso entra en conflicto y, no siempre, pero usualmente, la iglesia aborda del lado equivocado, juzgando, discriminando y exhortando a la persecución o remoción de derechos de aquello o aquellos que choquen con su visión “oficial” del mundo… la pregunta es ¿Qué harás entonces?

Al final, todas las religiones tienen un núcleo y mensaje central de amor, comprensión y crecimiento espiritual, por desgracia, las instituciones eclesiásticas han sido las primeras en fallar al comunicar a cabalidad y con entereza y sin adulterar estos preceptos, pues las iglesias han demostrado, ya sea de la forma más sutil o de la más cínica y descarada algún patrón de odio, persecución, prejuicio, intolerancia o campañas de desprestigio, ya sea contra gente de diferentes: religiones, sexos, preferencias sexuales, razas, lugares de precedencia o estilos de vida que choquen con sus ideas (ya sea uno o todos los anteriores, dependiendo de qué religión hablemos).

En todo caso, hay muchos tipos de activismo, aquellos serios que defienden sus causas seriamente y los extremistas, que incluso dentro de esta definición pueden ser pasivos o activos… y todos, incluso la iglesia, tienen derecho de entregar sus mensajes mientras no violen las leyes o los derechos de terceros, incluso la iglesia, pero de la misma forma, todos somos suceptibles de ser refutados, de ser satirisados según la cuestionabilidad de nuestras palabras e ideas expuestas…

Para terminar, si tú, creyente que te aventuraste con paciencia a leer todo esto, has notado este patrón en la iglesia a la que asistes, sea cual sea y no estás de acuerdo con él… si te atreves a no dejarte influenciar por el descaro de tu iglesia en un tema controversial e incluso te frustra este conflicto entre tu fe y tus principios, te exhorto al más noble tipo de activismo… mantén tu fe, practícala con amor… pero renuncia y sepárate de cualquier iglesia que caiga en ese patrón… pues de no hacerlo, serás cómplice de cualquier avance que dicha institución logre en la defensa de dicha causa controversial y retrógrada y eso… no hay paz religiosa que lo borre mientras sigas siendo parte de ello…

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Gracias por leer.

Fin de la Entrada.