Todos los días nos enfrentamos a distintos dilemas, que provienen de distintos lugares, ya sea de las situaciones a nuestro alrededor, de la gente, incluso de una escala global, pero más que nada, de nosotros mismos

A veces llegamos a puntos de nuestra continuidad personal en este mundo que no nos gustan y que nos fuerzan a enfrentarnos a aspectos de nosotros mismos de los que no queremos saber. Nos encerramos tanto en el contexto de esos aspectos que dejamos de ver todas aquellas cosas por las que debemos estar agradecidos…
Siempre es difícil salir de ese encierro, porque implica una lucha con nosotros mismos que no siempre podemos ganar… y si, muchas veces tratamos de salir de ese encierro sin haberla ganado y sufrimos por ello, sufrimos mucho, pero a veces tenemos que aceptar que no todas las luchas que tenemos que mantener con nosotros podemos ganarlas, al menos no en los términos que nos gustaría, por lo que hay que sacrificar el ego y empezar a ver más allá de nosotros, y voltear a ver a quienes tenemos, y a quienes nos necesitan…

Para algunas personas la lucha es tan difícil, que a veces desean no ser necesitadas, no tener a nadie, para poder tirar la pelea (y otras se sienten tan abrumadas, que aunque sean necesitadas y tengan a alguien, la tiran,) para poder renunciar y dejar de sentir los golpes de nuestro enemigo interno, es una sensación tan poderosa que empieza a consumir más y más los pensamientos de quien la experimenta y es en este punto donde es más importante que nunca que estas personas sientan lo necesarios que son y el afecto de las personas en su vida…

Uno podría pensar que estas personas podrían decidir aceptar esa lucha, aceptar que no la ganarán como ellos quieran y que pueden seguir adelante, y si, es posible, pero no sencillo, pues a veces en la vida y en las palabras inconcientes y sin intención de terceros estas personas encuentran un recordatorio de lo que las queja, de lo que les falta, de la sombra de duda que los despierta por las noches y que les roba el alma en forma de lágrimas, de esa pesadez en los hombros, presión en la cabeza y pecho y hueco en el estómago… lo primero es entender que en el mundo hay mucho sufrimiento y mucho peor que el que, en estos aspectos, nos puede aquejar, pero no hay que malentender, ese sufrimiento en el mundo no invalida el de aquellos individuos que luchan con ellos mismos, sino que les provee una idea, una mejor de lo que sienten, de lo que experimentan y como combatirlo…

Al final, la peor batalla perdida es aquella a la que se renuncia antes de que comience, obviamente que si te metes a una pelea, vas a sentir dolor, quizás a sufrir y probablemente a perder, pero es más lo que se pierde cuando no se intentan, pues además de perder las mismas cosas, se pierde el respeto hacia uno mismo y hacia la propia capacidad de lograr nuestras metas…

Hay muchas maneras de enfrentar los problemas y nadie nos pide hacer como que no sentimos el dolor, pero lo menos que nos podemos pedir es seguir luchando y no parar hasta que la certeza de la derrota no baje del 100% ¿y saben que? Ni aún entonces, porque una de las cosas importantes de la vida es aceptar, como Sócrates, que solo sabemos que no sabemos nada… y aún cuando lo creemos todo perdido, aún cuando a todo queremos renunciar, aún entonces, tenemos una oportunidad de ganar, de ganar y lograr lo que siempre hemos querido, nuestros más grandes sueños…

Hay que entender que la primera regla de no rendirse es que podemos elegir no hacerlo nunca, aún cuando hayamos anunciado nuestra rendición o, por un instante, hayamos dejado de luchar… siempre puedes levantarte del suelo o entrar a la arena y volverlo a intentar…

Fin de la Entrada.