A veces nos la pasamos escondiéndonos de quienes somos y rogando por no hacer las cosas que tenemos que hacer…

Es en esas ocasiones en que sentimos que es mucho para nosotros pensar y adoptar el valor necesario para enfrentar nuestros dilemas y aquellas dificultades que, de un modo u otro estamos ignorando…

Ocasionalmente nos decimos las cosas que creemos que queremos escuchar de nosotros mismos, para dejarnos un momento en paz y darnos un respiro de aquellas cosas que no queremos afrontar…

Es en momentos como ese que no podemos evitar preguntarnos si todo cuanto hemos hecho o por cuanto hemos pasado, de alguna manera ha valido la pena…

Y es entonces, en ese efímero instante, que nos cae como cubetada de agua fría… tenemos realmente el valor necesario? y ponderamos… de tenerlo, vale la pena? la victoria nos ofrece aquello que buscamos? o solo es una cortina que cubre un escenario más caótico si te involucras en él?

Lo he dicho antes, la vida es una compleja red de paradojas tan bien elaborada que no lo parece, por lo que a veces, la única cura al dolor, es el dolor mismo…

Pero… en que medida el dolor deja de curar? en que medida se convierte en la norma? en que medida pasa a ser crónico y tan parte de nosotros que tememos a cualquier cosa? incluso a nosotros mismos y nuestras capacidades?

Ya sea que nos golpee la noción de que quienes queremos no son quienes pensamos que eran… o que te encuentras en cada esquina con un escenario que desearías que fuera el tuyo, pero que no funcionó cada vez que lo intentaste, o aún cuando se sigue adelante tomando fuerza de la necesidad que otros tienen de tí, incluso cuando desearías que esa necesidad desapareciera para dejarte llevar, o incluso cuando te ves como alguien que ama en grande, que quiere en grande y que lo refleja aún más… como una persona que es capaz de ganarse el aprecio y el cariño de tantos, pero que se cree o sabe incapaz ir más lejos y conquistar el amor de otra persona… cualquiera de estos matices nos enseña que siempre tendremos cosas por las cuales luchar, pero también nos advierte, nos alerta sobre lo comprensible y a veces necesario que es querer protegerse a uno mismo y evitar el dolor por un momento efímero del pequeño suspiro de la realidad que es cada vida… aún aquel dolor que se ha convertido en la norma, pues siempre es duro protegerse usando una herramienta que lastima, porque a veces también necesitas protegerte de ella…

Porque morir sin haber amado es trágico, pero morir sin haber sido amado lo es más… el hombro de la humanidad para quien nunca haya escuchado un “te amo” y el consuelo del sueño de una noche de todo un mundo para quien nunca haya sentido el calor de la convicción de otro ser humano por hacerlo feíz…

En cuanto a los caminos que muchos andamos… Piedad para aquel que camina con una lanza en el corazón, pobre de quien lo atravieza a cada paso para evitar que sea alguien más quien lo haga y mis condolencias para quien llora en la oscuridad, rogando por no herirse ni ser herido… y benditos aquellos que buscan una cuarta alternativa, abriéndose paso hacia la felicidad, sabiendo que para llegar a ella serán más heridos que aquellos ya mencionados, benditos sean porque su valor no deja de ser una inspiración… benditos sean porque su dolor y voluntad mantienen a este mundo aceitado y funcionando… Benditos sean, por tomar la vía difícil en su propio nombre, pero caminándola, anónimamente, a nombre de todos…

Fin de la Entrada.