Saludos a todos.

Wow, un año y doce días sin escribir entradas de blog, ha sido todo un viaje (y sin necesidad de Mary Jane) y lo que falta…

Durante las últimas semanas me ha tocado ver en el aspecto profesional, personal, familiar y hasta en internet un fenómeno que no es desconocido, que es relativamente común, pero del que no siempre estamos conscientes y que parte del mismo es no siempre notarlo (porque parte de las veces no queremos notarlo).

Me refiero a la intransigencia, a discutir con oídos sordos, a devaluar las razones ajenas en favor de las propias; a veces con ira, sarcasmo, agresión, entre otras cosas que no facilitan discutir y que no nos dejan bien parados.

Es curioso cómo todos y cada uno de nosotros, desde el aspecto más importante hasta el más intrascendente de nuestras vidas, nos percibimos a nosotros mismos como “los buenos de la película” (al menos en las ocasiones que no reflexionemos suficiente sobre lo que acontezca).

En la vida a todos nos han traicionado, molestado, agredido, maltratado y atacado al menos una vez, por lo que las personas responsables de dichos ataques se ganan una etiqueta de nuestra parte y a veces es sorprendente enterarse de que la versión de estas personas respecto a ti es similar a la que tienes de ellos; en el momento no se descansa de proferirles mil injurias por el atrevimiento de mentir sobre algo que ellos comenzaron… pero, ¿Realmente mienten? o dicho de otro modo ¿Realmente mienten a propósito?

Reiterando, cada uno de nosotros se mueve de manera en que a los ojos propios quede lo más cerca de la etiqueta de “el bueno”, ya sea que para nuestros adentros cambiemos detalles de lo que ocurre o que de plano movamos a conveniencia el código moral que nos rige como seres humanos, pues es al darnos cuenta de que nos desenvolvemos en una sociedad en la que cada vez menos gente está de acuerdo en lo que es correcto y en lo que no lo es cuando entendemos (algunos, al menos) que sí, cierta gente es maliciosa, malintencionada, consciente y consistentemente hiriente, agresiva e iracunda, pero lo es dentro de su propio código de conducta, que la persona atacada de algún modo violó…

Y sí, es cierto, nadie tiene bolas de cristal para saber cuándo alguna persona se maneja con respecto a alguno de esos extraños, manipulados y mañosos códigos de conducta, menos aún es nuestro deber obedecer preceptos unilaterales y creados en perjuicio intencional de ciertos tipos de personas, más aún cuando la falla en la que incurres ante dichos códigos radica en negar o decir algo que era tu derecho, aún y cuando lo hicieras de buena manera.

Pero como todo, lo que se necesita para dar el primer paso hacia cualquier resolución es entender a la persona con la que hay conflicto y como en muchos de esos extraños códigos de honor y conducta, entender, o dar cualquier concesión a quien se considere que lo ha violado parece estar prohibido, es aquel que se dice primer agresor, a quien le toca esta tarea, mientras exista interés por la resolución, claro está.

Claro que el hecho de entender porqué alguien miente, engaña, agrede, insulta o molesta a otros no justifica el hecho de que ese alguien lo haga en primer lugar, pero ante alguien que no está dispuesto a discutir, que demerita cualquier argumento con sarcasmos y demás armas de quien no está mentalmente agraciado… a veces no hay mejor opción que darle una salida a estas personas que son incapaces de encontrarla ellos mismos, y la mejor manera de hacerlo es entendiéndolos…

Con el tiempo, estas personas que hacen todo lo que hacen por conveniencia, se dan cuenta de su proceder, y si no lo hacen, se darán cuenta de que la gente que hizo el esfuerzo por entenderlos, no estaba obligada a hacerlo y que su don de compañía no es el más valioso. A fin de cuentas hay suficiente gente en el mundo para no obligarnos a soportar lo insoportable…

Pero siempre es mejor hacer un esfuerzo extra, porque aún entre las personas más negativas hay gente valiosa, y en contadas ocasiones, los que perdemos podríamos ser los que no nos tomamos la molestia de entenderlos o conocerlos.

Fin de la entrada.