Es innegable que la televisión lleva tiempo atorada en una predominante decadencia, por lo menos las opciones representadas por las empresas más grandes y que llegan a más lugares en nuestro país…

Hay que decir que por años, el grueso de la programación que llegaba a más hogares, ha estado compuesta por las producciones originales de las televisoras nacionales y una gran cantidad de importaciones, principalmente de estados unidos.

Adicionalmente queda un punto nada difícil de notar, que es la propia influencia que las tendencias televisivas en estados unidos han tenido por años en el estilo y contenido de lo que se hace nacionalmente.


Si nos remontamos a las eras doradas de nuestro cine y televisión, no podremos evitar notar la genialidad y originalidad que había en las producciones mexicanas, pero a través de los años, a través de éxitos y fracasos, de tropiezos y nuevos comienzos, se hizo obvia una de las principales lecciones para los productores de cine y televisión, no se necesita dar lo mejor para vender más, esto lo vemos con la caída del cine mexicano que duró décadas y aún hoy, cuando a pesar de los chispazos de genialidad que se presentan casi cada año bisiesto, el grueso de las producciones cinematográficas nacionales van por la fácil, a vender sexo, palabrotas y un ambiente viciado con suerte de “héroes” gandallas y sin futuro con los que se pretende que secciones representativas de la juventud rebelde, inexperta y en busca de aventuras se identifique.

En televisión han pasado cosas similares, pues a pesar de haber contado, cada cierto tiempo, con propuestas de calidad en casi cualquier género, el grueso del público prefirió las novelas repetitivas y redundantes, la comedia corriente conformada con chistes de secundaria conocidos desde hace generaciones, las novelas de adolescentes promiscuos, respondones y autodestructivos (emulando en cierta medida las fórmulas del cine y de la televisión estadounidense), novelas y programas infantiles que subestiman a los niños más de lo que les enseñan o los entretienen y talk shows actuados y representativos de aspectos del ser humano de los que no pocos podríamos avergonzarnos, todo esto dependiendo claro, de cada segmento de mercado.

Estas tendencias, impulsadas, en parte, por el boom televisivo del reality show en estados unidos hace unos años, como medio de expresión de la decadencia de sus participantes y las cadenas televisivas que les daban cabida, las repercusiones de este tipo de material en México llevaron a las televisoras nacionales a depender menos de las producciones de otros países, lo cual bajo otras circunstancias pudo ser algo muy positivo, de no ser porque las producciones nacionales nacidas de ese período eran una emulación descarada de lo peor y más vergonzoso de las producciones estadounidenses.

Y es que, si acercamos una lupa al universo televisivo estadounidense, podemos apreciar que la forma de hacer televisión de nuestros vecinos del norte es muy variada y que el universo conformado por las cadenas televisivas es tan vasto que en él caben las penosas tendencias predominantes en el medio mexicano, pero también caben (y tienen éxito) todo tipo de propuestas inteligentes, trabajadas, bien planeadas y ejecutadas y entre toda la basura que le avientan al televidente estadounidense, se encuentran joyas de cualquier género (talk show, comedia, drama, ciencia ficción, policiales, acción, aventura, fantasía, documentales, noticias y si, incluso reality shows), y por más que uno dude de la integridad o intención de los ejecutivos estadounidenses, ahí están también los trabajos bien hechos, lo que hace más difícil ver nuestra televisión mexicana sin pensar que se nos considera algo más que un simio con retraso mental y una cartera llena.

El promedio estereotípico del estadounidense es el clásico tipo sin habilidades destacadas, que ve y compra los productos excéntricos de los infomerciales y no muy brillante, del cual, en México, tenemos un tipo promedio estereotípico equivalente… y sin embargo, la diferencia entre nuestra televisión y la de ellos es que los ejecutivos a cargo de la programación de estados unidos podrían creer que todo su publico es idiota, pero acceden a darle el beneficio de la duda con propuestas de calidad entre el mar de basura y los ejecutivos a cargo de la programación en nuestro país SOLO creen que todo su público es idiota sin darle el beneficio de cualquier duda al respecto. Y por desgracia, cualquier excepción a la regla está atorada en la televisión por cable o limitada por una cobertura muy modesta (eufemismo, claro), sobre todo comparada con la cobertura de las televisoras grandes, que la mayor parte del tiempo son las menos comprometidas con el público al que le deben el tamaño y recursos que han logrado.

Jesús Álvarez R. (Aka Zarex)

*Artículo originalmente escrito para VNNOnline.net