*Artículo originalmente publicado en “Los Editoriales”*
Creo que todos hemos tenido momentos en la vida en que sentimos que dimos todo por algo o alguien que al final nos hizo sentir que nuestra sangre, sudor, lágrimas y alma no valieron de nada, momentos que dibujan la línea que separa aquello que creímos que debíamos ser de una versión barata y corrupta, que la sociedad y la mayoría de la gente en ella parece querernos enseñar que es la única manera de ganar.
Dicen que para aprender hay que caer, pero creo que nunca nos detenemos el tiempo suficiente para preguntarnos qué lecciones estamos decidiendo tomar de las caídas que sufrimos, si bien para aprender hay que caer, a veces lo que aprendemos, honestamente, es basura…
Lecciones huecas como “un clavo saca a otro clavo” o “hay que ser un hijo de perra para triunfar en lo que sea (amor, trabajo, estudios, etcétera).
Hay algo que suelo decirle a mi pequeña sobrina, anticipando que está creciendo muy rápido y se acerca peligrosamente a la adolescencia, tomo su pequeña manita, la miro a los ojos y le digo con cariño, de un modo que espero pueda recordar “En el futuro, cuando estés más grande, si un muchacho quiere ser tu novio, debe tratarte como princesa, si no lo hace, no te merece… y si lo hace, debes valorarlo, porque de esos no hay muchos”, luego de eso, cruzo mis dedos, para que mi pequeña niña tenga mejor suerte que la mayoría de nosotros.
Otra cosa que me viene a la mente es un meme que circula en internet, que, reconozco, en mi ignorancia, no sé de donde viene, pero dice más o menos así:
“Aprendí que quién no te busca, no te extraña, y quién no te extraña, no te quiere. Que el destino determina quién entra en tu vida, pero tú decides quién se queda. Que la verdad duele una sola vez, y la mentira cada vez que nos acordamos. Hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo, y las oportunidades. Por eso, valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quién te trata como opción.”
Y con ello, voy ya al meollo del asunto, antes de que avancen a otra página, si es que no lo han hecho ya… a veces, al pasar de la vida y los años perdemos la noción de qué es lo que vale, y es que es natural si tomamos en cuenta que este mundo, tan imperfecto como es, dista de definirse como una meritocracia… aquí gana el que mejor sabe manipular las cosas a su favor… no necesariamente quien más talento tiene o más duro lucha para ganar aquello que quiere o sueña…
Si, como nos dicen, debemos aprender a luchar, a ser dignos de nuestros sueños, a superar como es debido el fino arte de la manipulación y la deslealtad dominado por tantos… pero no quedarnos ahí, también tenemos que crecer y aprender a ver a quien practica esas cosas con nosotros, a valorar a las personas en nuestras vidas por sus acciones y no por sus palabras… todos pueden hablar bonito y prometer demasiado, pero pocos pueden vivir a la altura de esas promesas… en donde veas a alguien que lo hace, atesóralo, valóralo y demuéstrale que entiendes lo difícil que eso debe ser… porque de otro modo, el valor de esas cualidades sólo podrás comprenderlo una vez que no las tengas más a tu alrededor…
y es que ese es nuestro defecto, creemos que todo lo bueno durará para siempre, lo tratamos como si no valiera porque pensamos que estará ahí mañana, lo malgastamos, abusamos de ello y lo damos por sentado, hasta que nos lo acabamos… como raza, es lo que le hacemos al mundo… como individuos es lo que la mayoría le hace a todo lo bueno en sus vidas…
Piénsalo… y sé diferente… no es fácil, pero es el único camino a la felicidad… valora y recompensa al justo y descarta a lo tóxico de tu vida, no es algo que se haga “por ellos”, sino aquello que es mejor para cada uno de nosotros, pues somos tan buenos como aquello que mantenemos en nuestras vidas, tan buenos como aquello que practicamos a través de ellas.
Gracias por leer.


Deja un comentario
Feed de los comentarios de este artículo